de este problema se niega, por así decirlo, a semejante cuestionamiento. El problema no estriba en demostrar que “exista” y cómo “exista” un “mundo exterior”, sino en mostrar por qué el Dasein tiene, en cuanto estar‐en‐el‐mundo, la tendencia a empezar por una “teoría del conocimiento”, en la que sepulta el “mundo exterior” en la nada para hacerlo luego resucitar mediante demostraciones. La razón de ello se encuentra en la caída del Dasein y en el consiguiente desplazamiento de la comprensión primaria del ser hacia el ser en cuanto estar‐ahí. Cuando, dentro de esta orientación ontológica, el cuestionamiento es “crítico”, lo único que inmediatamente encuentra como ente que está‐ahí con certeza es una pura “interioridad”. Una vez desintegrado el fenómeno originario del estar‐en‐el‐mundo, se realiza, sobre la base de lo que aún queda en pie, es decir, del sujeto aislado, su ensamblaje con un “mundo”.
En esta investigación no es posible examinar in extenso las numerosas tentativas de solución al “problema de la realidad” que han ido surgiendo dentro de las distintas formas de realismo e idealismo y de las posiciones intermedias. Aunque en todas estas tentativas podrá encontrarse, sin lugar a duda, un fondo de auténtico (207) cuestionamiento, sería absurdo pretender llegar a una solución satisfactoria del problema sopesando lo acertado de cada posición. En cambio, es necesario llegara la convicción fundamental de que las diversas corrientes de la teoría del conocimiento no yerran propiamente desde el punto de vista de las teorías del conocimiento, sino que, por haber omitido la analítica existencial del Dasein, no logran siquiera dar con el terreno requerido para una problemática fenoménicamente segura. Este terreno tampoco puede alcanzarse mediante ulteriores rectificaciones fenomenológicas de los conceptos de sujeto y concienciaa. Tal procedimiento no da garantía de que, pese a todo, no se siga con el mismo inadecuado planteamiento del problema.
Con el Dasein en cuanto estar‐en‐el‐mundo, ya está siempre abierto el ente intramundano. Esta afirmación ontológico‐existencial parece coincidir con la tesis del realismo, según la cual el mundo exterior “existe” realmente. En la medida en que la afirmación existencial no niega la “existencia” del ente intramundano, esa afirmación concuerda en el resultado — doxográficamente, por así decirlo — con la tesis del realismo. Pero se distingue fundamentalmente de todo realismo por el hecho de que éste sostiene que la realidad del “mundo” necesita ser demostrada y que, además, es demostrable. Precisamente estas dos cosas quedan negadas en el enunciado existencial. Lo que separa a éste plenamente del realismo es la ceguera ontológica de este último. En efecto, el realismo trata de explicar ónticamente la realidad por medio de conexiones reales de interacción entre cosas reales.
a Saltar dentro del Da‐sein.
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